Blog de estractos-de-abstractos

SEDA, CUENTA: ES TORVO


Cada tiro que no hace valer su ruido, cada hora sin normas que sujete la decencia de mis facciones. Porque si, con los ojos achinados te digiero mejor. Lo juraría. Si es que acaso jugáramos a pertenecer a esos ustedes. Ellos.

Desde el balcón saboreo esos recuerdos dulces con ellos. Noches en bicicleta, que los árboles nos hablaran. Las risas jugando a ser entendidas entre hermanos, esquivar vagones y cerdos, rompiendo magia. Jugar a perderme en muelles mal pagos en laberintos de Ciudad Jardín.

Pero ahora no parpadea, nadie habla y las persianas bajas de manera antónima anunciaban el comienzo de la función.

Rayan un CD y cortan flores

Seda, cuenta. Es torvo

-De seguro pierde algo de divino una gravedad moderada- aseguré. Se da cuenta; estorbó mi pétalo y lo hizo espina.

Juan se alista, peina y pasa. Carpita se mueve a lo que era su silla, engordando la ansiedad. Marcos fuma, ríe mareando un Bic.

Juan  sale atónito y despeinado. Entregado al cansancio de sus párpados, se le dobla la espalda y roba dos Parlament. Uno a su boca, otro a su oreja. Carpa salió chivo y sonriente, golpeándose al pecho. Marco, suspira y espera. Por mi parte ya me había quemado.

En las falsas alegorías hacia mi héroe perdido que duerme en alguna fotografía mental tuya, me aterra tener que aclararle que  no soy yo el que tenía de frente. Ahora moriré tranquilo aunque sin paz. Códigos de perros no son para colegas de porcelana.

Ella es toda suya, ella es toda mía. Se desnuda frente a nosotros; los sangrantes exhibicionistas. Viviremos en sus paredes un cuerpo a la vez. Imagino si me vieran apreciándola rozar  el caño. Marcianos, llorones de la luna que ya no les hace falta entender, porque el sentir sobrepone su cicatriz y la palabras se tascan entre sí ante un público mudo, con los pantalones bajos. Todo claro: está oscuro. Si con luces fuimos peores. Vacíos temerarios,  llenan espacios con voces que no dan la cara. Se bajan los oportunos. Nosotros, los astronautas, no hace falta aclarar lo que pagamos por a verla. Ella, la estrella que se irá primero.

  Besé su frente

  Busco un pate y mate

   Busco un empate y maté.

Sostiene los ojos fijamente sobre mí. Ejerciendo una revolución de pesadillas aireándose sobre sí misma. Ahora descubro que si saluda, también me despide. Y en la noche buscamos aire, contaminándolo. Quemando banderas y borrando límites. Sólo los ojos, la risa, el humo, el murmullo. Nada. Nada significativo.

Pero de salto en falso mi saliva iba escondiéndose cuando tu garganta se ponía más hiriente. Y un día, los teléfonos eran hirientes, y la red que nos sostiene era hiriente, como esa vez que fallamos como termómetro. Dormir era hiriente. Incluso yéndose, la casa quedó aireada de luciérnagas de aire,  que me sacian lo suficiente de ello, que es todo mío y nuestro, para así estar presente en cada olor. Ni cable, ni hacer base homie. Más que un reloj. Luciérnagas bailando sobre un calendario para mariposa

-¿y entonce?

 Entonces ya no me ahogo en el vértigo al salto. Sólo a mí  constitución se le ocurre hacer de la gravedad una G-R-A-V-E-D-A-D. Poco después de conocer el sol, acierta un invierno. No está mal hacer de un cuento una lagrima, pero sí una lagrima de cuento. Llevaré enfocando con la mejor luz al boceto de una buena mala versión. Sólo así conseguiré que el sol una vez despierto no me queme

Thomas Joel Fernández.

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